LA ENTREVISTA Publicado en la interCole Nº 48 de Junio 2010

¡Simplemente Quique!

¡Simplemente Quique!?

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)


¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol?
Empecé en las divisiones inferiores de Racing, que era mi equipo. Vivía en San Isidro y me iba todos los días en colectivo hasta Avellaneda a entrenarme y a jugar. Un día, a los 17 años, debuté en primera contra Boca, no lo podía creer… Ponerme la camiseta de Racing fue alcanzar el sueño que perseguí durante muchísimo tiempo. Después jugué en River, luego en Europa y me tocó ser campeón con el Real Madrid.

Y llegaste a jugar un Mundial…
Sí, por suerte jugué el Mundial del 74, fue maravilloso. Habíamos soñado mucho con ese campeonato, teníamos un buen equipo. La camiseta argentina, el himno, saber que toda la gente mira o escucha los partidos es algo muy fuerte. También creí que iba a ser parte del plantel en el 78, pero no fue así y entonces me convertí en un hincha más. Canté, grité, tiré papelitos como cualquiera, y me puse muy feliz cuando salimos campeones.

¿Y tus inicios en el periodismo?
Fueron por descarte. Mientras jugaba jamás pensé en el periodismo como opción de vida profesional, aunque varios periodistas me decían que tenía condiciones para este trabajo.
Me retiré a los 31 años. Me fui de la profesión de futbolista y encontré gente muy generosa que me ayudó con sus palabras y dándome la posibilidad de ir a ver transmisiones de radio y programas de televisión. De pronto, en 1983, salió un trabajo en Radio Continental, en una tira deportiva en la que yo sólo hablaba de fútbol. A los 6 meses ya conducía el programa y tenía en claro que me encantaba hacerlo. Empecé despacio y con el tiempo me enamoré del periodismo. Al principio lo tomé como algo que me permitió mantenerme cerca del fútbol y del deporte en general. Y de a poco se convirtió en mi otra forma de vida.

Si te pido que destaques algo que aprendiste de tus padres y luego les enseñaste a tus hijos, ¿qué nos podrías decir?
Me enseñaron a caminar por la vida siendo buena gente, respetando al que tengo al lado. También que si soñás, trabajás y te esforzás en busca de esos sueños, algo vas a conseguir. Como padre y abuelo intento transmitir lo mismo. Lo más importante que conseguí en la vida es la fantástica familia que tengo y, en ese ámbito, vivimos las cosas del otro como propias. Estoy a punto de cumplir 40 años de casado, pasé la vida junto a mi mujer y creo que lo más importante es haberles mostrado a mis hijos que el camino de la vida tiene momentos muy cambiantes y que el esfuerzo y el trabajo son una especie de seguro contra esos vaivenes. La vida es caprichosa, te da primero la espina y después la rosa… la vuelta de Europa fue muy difícil para nosotros, perdimos todos los ahorros. Y, otra vez, con esfuerzo y confianza, empezamos desde abajo a edificar una nueva posibilidad.
 

Todo cambia

Como hombre de los medios, ¿qué cambio tecnológico es el que más te impacta?
Los adelantos son increíbles. En el Mundial 90 comenzamos a manejarnos vía fax, que sigue siendo lo que más me sorprende. Me impresiona que de una máquina, a miles de kilómetros, salga mi letra, pero no lo que yo escribo en la máquina, sino mi propia letra. ¿Cómo hace el teléfono para escribir como yo? Todavía sigue siendo lo que más me sorprende. De todos modos, más allá de los adelantos, creo que hay que poner énfasis en no perder la creatividad. Hay que encontrar el equilibrio, porque a veces, cuando tenés muchos elementos que te solucionan las cosas, dejás de trabajar con tu cabeza. Antes, cuando ibas a sacar un pasaje de avión y no andaba la computadora, te lo hacían a mano. Hoy te dicen que se cayó el sistema y tenés que esperar. Hay cosas geniales, siempre y cuando no inhabiliten otras. Y si hablamos de los chicos, es lindo jugar a laplay, pero es mucho más lindo jugar a la pelota.

¿Y en el fútbol?
La esencia del fútbol es la de siempre, se juega con una pelota, en la misma cancha y 11 contra 11. En cambio, el césped es más parejo, los botines más livianos, los zapatos casi no pesan. En mi época se jugaba con medias de lana, las camisetas tenían botones y la pelota pesaba muchísimo. Ahora es más lindo, más estético, más agradable a la vista. Mejores canchas y pelota más liviana hacen un juego más rápido, sin dudas. Pero más allá de todo esto, los buenos de antes lo serían hoy y viceversa. El que juega bien, juega bien. Y punto.

¿Qué te dio y qué te quitó el fútbol?

El fútbol me dio lo que tengo, lo que soy. Todo, lo lindo y lo feo. Alegrías y tristezas, golpes, cosas muy duras de enfrentar, también sonrisas. Y me quitó tiempo con la familia. ¿Un ejemplo? Mi primera hija se llama Carolina: cuando ella cumplió un mes me fui al Mundial del 74, un viaje que duró 90 días. Cuando volví tenía 4 meses. Enseguida me vendieron a España, y viajé solo a instalarme y a buscar la casa para vivir. La volví a ver cuando tenía 6 meses, que me los perdí casi por completo. Es lo que más lamento, es algo que no vuelve, y por eso trato de pasar todo el tiempo posible con mis hijos y con mis nietos.

 


Triunfaste dentro y fuera de la cancha. ¿Tenés alguna fórmula?
No hay secretos para el éxito: sólo esfuerzo, dedicación, trabajo y deseo. Cuando se sueña con algo y se pelea por eso, se llega. Los sueños se pueden alcanzar, decía Walt Disney. El factor común en los deportistas exitosos es el sueño de alcanzar algo. Por supuesto que no se quedan sentados esperando en una silla. Los sueños no vienen, hay que buscarlos. Y si en esa búsqueda trabajás, te sacrificás y ponés lo mejor de vos, seguramente te vas a despertar con el sueño cumplido.

La única protagonista

¿Alguna vez sentiste que te agrandabas, que te costaba manejar el ego?
Como futbolista no hay que olvidarse que lo único imprescindible es la pelota. Siempre pongo este ejemplo: Están los mejores 22 jugadores, en el mejor estadio, se agotan las entradas, pita el mejor referí y se transmite por tele a todo el mundo, pero no hay pelota y no se puede jugar. Desesperados, la buscan y la encuentran. Y se juega el partido. Cuando termina, nadie habla de la pelota. Las cámaras y los micrófonos van con las estrellas y nadie se acuerda de la pelota. La pregunta es: ¿quién se anima a ser pelota en la vida? ¿Quien puede ser imprescindible en su actividad y luego aceptar con humildad ser ignorado? Es muy difícil encontrar el equilibrio. Los jugadores, los artistas, todo profesional reconocido se sabe importante y la mayoría lo lleva con mucha naturalidad. Es cierto que alguno se confunde, pero repito, la mayoría lo hace muy bien, y convive exitosamente con la fama. Es cierto que ganan mucha plata, tan cierto como que la generan, porque en este mundo nadie te regala nada. Alguna vez cuando discutía un contrato con los dirigentes de River, les dije que jugaba gratis si ellos no cobraban entrada ni pasaban el partido por la tele… la discusión, obviamente, terminó rápido.

Por último, Quique, ¿qué idea tenés sobre el exitismo que rodea al deporte y que inunda a casi todas las actividades de nuestras vidas?
Es una lástima que haya un solo campeón, porque es una sensación muy linda. Pero no hay que olvidarse de que existen pequeños éxitos cuando uno busca el éxito más grande. Uno solo va a ser campeón aunque puede haber varios ganadores simultáneos. Que cuando alguien dice Mundial 74 todos pensemos en Holanda antes que en el campeón es el mejor ejemplo de lo que digo. Holanda perdió una final, pero nos regaló algo que lo hizo transcender el resultado y que hace que todos lo recordemos. Eso es un gran triunfo, aunque el campeón haya sido Alemania. Y hay más ejemplos. Hay muchos que ganan aunque no lleguen primeros. La vida está llena de luchas por ganar y son pocas las veces en que lo logramos. Lo importante es poder participar de esa lucha y hacerlo con toda la intensidad que tus condiciones te permitan. El resultado, muchas veces, no se puede explicar.
 

Unas horas después de terminar la charla, la última frase todavía hace eco en mi cabeza y en mi corazón. Disfrutemos del Mundial, encontremos las cosas positivas, evaluemos con equilibrio lo que nos gusta y lo que no, y tratemos de explicar lo que ocurre a partir de ideas y principios. Porque, muchas veces, el resultado no se puede explicar.

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