LA ENTREVISTA

Publicado en la interCole Nº 42 de Septiembre 2009

MANUEL GARCÍA FERRÉ: Del maestro con cariño

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)


¿Cuándo empezó a dibujar?
Mis primeros dibujos los hice en España a los 9 años. Fundamentalmente porque mi madre pintaba, tuve en mi casa un ámbito de inclinación hacia el arte, había cierta vocación en el aire. Suelo decir que sin vocación es imposible ser perseverante, uno se cansa, no lo puede evitar. En cambio, cuando hay una vocación detrás, la capacidad de trabajo y esfuerzo puede ser incontenible. Yo dibujaba y mi mamá me corregía ciertas perspectivas y algunas técnicas, algo que me ayudó mucho para poder ser un autodidacta. En la Argentina no se podía estudiar lo que a mí me gustaba así que fui resolviendo los problemas y las dificultades sobre la marcha, probando y equivocándome mucho.

¿Cómo fue la transición entre dibujar en casa y hacer películas de cine?
Más que contar cómo fue, me gusta decir las razones. Siempre me maravilló la posibilidad de ejecutar al mismo tiempo el dibujo, la música y las voces. Esa es la razón por la que, podría decir, enloquecí tanto por la técnica cinematográfica del dibujo animado. Yo estudié arquitectura tres años y medio y ese estudio me entregó más caudal de conocimientos en el uso del espacio. El pintor maneja el color y la forma, el músico los sonidos, el escultor los volúmenes y los materiales. Todas son manifestaciones individuales, aisladas. El cine era lo único que juntaba todo y eso me impactó desde muy pequeño.
¿Alguno de sus personajes es una persona llevada a un dibujo? ¿O cada uno es una conjunción de varios?
Son la síntesis de las personas que me rodeaban. Uno era protestón, intransigente, un tanto tramposo. Otro poco inteligente, otro muy aniñado, uno más osado y generoso. En todo grupo familiar o de amigos hay un Larguirucho, un Neurus, un Hijitus y todos los demás.


Un Bambi en persona

¿De los dibujos de ahora, tiene alguno preferido?
Me gusta La era de hielo. Creo que tiene un gran equilibrio, excelente realización y buenos libros. Mis buenos ejemplos de siempre son Bambi y Dumbo: tienen contenido humano, gracia, inocencia, mucha ternura, algo de tragedia.

¿Qué le diría a un chico que quiere dibujar?
Que amplíe sus estudios humanísticos, que no se limite a una escuela o a una técnica, que aprenda de todo y de todos. También que debe ser perseverante y no perder el cariño por lo que hace: es el seguro para no cansarse jamás.


¿Qué significa para usted un chico?

Los que hacemos cosas para chicos, sea cual sea la actividad, tenemos una enorme responsabilidad porque estamos influyendo sobre alguien, formando el carácter de un ser que el día de mañana actuará de acuerdo con lo que haya recibido. Por eso los adultos tenemos un gran sentimiento de culpa cuando los resultados no son los deseados. Para corregir eso, lo mejor es intentar darles cosas buenas. Debemos acercarlos a los principios morales, religiosos, y guiarlos en una forma de conducta.

¿Qué fue lo mejor que le dio su familia?
Eso que nombraba recién. La familia es la piedra fundamental de cualquier civilización. Un chico criado en familia, con amor, con ternura y valores, tiene muchas más chances de ser mejor en la vida que aquel chico desamparado que carece de ese marco de contención familiar y que termina sobreviviendo en un ámbito de agresividad y desprotección.


Volver a la familia


¿Qué le gustaría que tuvieran los chicos de hoy que era común en su niñez?

Empezaría por la oportunidad de que las mamás pasen más tiempo con ellos para poder darles amor y cariño. Soy de la vieja escuela, la de la mamá en casa, con sus hijos. Entiendo y comparto la igualdad de derechos y las inquietudes de las mujeres al respecto, pero siempre hay que sacrificar algo. Y para mí, lo último que debemos sacrificar es la educación de los chicos. En la sociedad de hoy hay mucho de criarse como puedan, con la televisión influyendo demasiado en la etapa de formación. Es lamentable ver cómo un invento tan maravilloso como la televisión termina siendo un elemento nocivo. Lo mismo pasa con la computadora: es genial pero hay que usarla correctamente, con equilibrio, sin abusos.

¿Cuánto cambió la forma de hacer su actividad en todos estos años?
Los cambios pueden ser algunas cositas técnicas, pero la esencia es la misma. La gente que nos rodea, sus actitudes y sus conductas son el contenido de nuestras historias. Muchas veces siento que la computadora enfría los dibujos, les saca algo. Y respecto de la temática de los chicos, la aventura es lo que más les gusta. Si viene acompañada de un problema que se resuelve, de un contacto con la naturaleza, mucho mejor. No hay que buscar en lugares raros ni inventar cosas artificiales. En cualquier perro, gato, chico indefenso o sonriente hay algo para contar. Es cuestión de saber mirar, tanto antes como ahora.

¿El dibujo lo acercó a sus hijos y nietos?

Sí, en muchas situaciones. Y ellos me ayudaron a dibujar y ponerles cosas a mis personajes. Expresiones, gestos, formas de hablar, actitudes. Oaki, por ejemplo, tiene mucho de mis hijos.

¿Cuánta influencia tiene el equipo de trabajo en la creación de un personaje?
En cualquier empresa es imprescindible formar equipos homogéneos, que estén claros los objetivos y que, desde una premisa inicial, las diferentes personas que integran un grupo aporten sus visiones. Un edificio es el mejor ejemplo: lo construyen los albañiles, y también los pintores, los diseñadores, los decoradores, los carpinteros.

¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

Voy seguido al campo, a conectarme con la naturaleza. Y leo, fundamentalmente biografías, porque uno descubre allí las motivaciones de las grandes personalidades y se da cuenta de que el sufrimiento ha sido el motor de la mayoría para alcanzar sus metas y destacarse. El sufrimiento ayuda a ponerse en movimiento, la necesidad es la motivación por excelencia. La comodidad, en cambio, puede ser un arma peligrosa, de doble filo. El exceso de comodidad nos achancha, nos pone lentos y perezosos. 



Parece mentira. Más que el reloj, algunos compromisos marcan el final de nuestra charla. Nos invade la sensación de que una hora puede parecer un minuto cuando la estamos pasando bien. Y eso me recuerda una de las frases de Manuel: no perder el cariño por lo que se hace es el seguro para no cansarse jamás. Si lo sabrá él que, a punto de cumplir los 80 años, sigue dibujando, sigue creando, ¡sigue disfrutando!


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LA ESQUINITA El Martín Fierro

Aunque el gajo se parece / al árbol de donde sale, / solía decirlo mi madre / y en su razón estoy fijo: / “jamás puede hablar el hijo / con la autoridá del padre”.

José Hernández

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