LA ENTREVISTA

Publicado en la interCole Nº 26 de Noviembre 2007

Adolfo Cambiaso: El que hizo un cambiazo en el polo

 

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)



A decir verdad, fue un poco rara esta entrevista con Adolfo Cambiaso. En primer lugar, porque el polista de La Dolfina acababa de perder un partido, cosa que, ciertamente, no ocurre muchas veces. Y en segundo, porque la charla empezó con un Adolfito sentado sobre el pasto mientras su preparador físico le estiraba los músculos. Es más: al ratito, sostenía sobre su muslo derecho unos sensores conectados con un aparatito que medía algo. Es que, además de que es bueno elongar después de la actividad física, Cambiaso necesita poner en orden ese cuádriceps rebelde, que nunca termina de curarse. Y ni hablar de la muñeca derecha, que desde que sufrió una caída en Inglaterra y la posterior operación, ya no tiene la fuerza de antes.
¿A qué viene todo esto? A que este deportista de 32 años no la tiene tan fácil, por más que su habilidad haga pensar que es un superdotado corporal. Su trayectoria no le deparó muchos traspiés, pero él supo sobrellevar los que padeció.
Claro que ese talento para dominar la bocha, algo tan difícil yendo a la velocidad que puede tomar sobre un caballo y tratando de llevar la pelota con un taco que casi parece un palo de escoba, le vino por naturaleza. Él nació con eso. Pero también se encargó de cultivarlo.
En sus viajes, Dolfi ha conocido a personas de renombre, como la reina de Inglaterra, jeques árabes y grandes empresarios del mundo. Pero él sigue siendo un tipo de campo, que disfruta mucho estar con sus petiseros tomando mate y compartiendo un asado en Vicente Casares, Cañuelas, donde está el club que él creó: La Dolfina. Prefiere el perfil bajo y, un poco introvertido, no le gusta mucho que digamos hacer entrevistas. Sin embargo, se acercó a los medios de comunicación para difundir su deporte, porque ama el polo y quiere que sea cada vez más grande.

Así que mientras el artefacto le marcaba a su preparador físico cómo estaba el cuerpo de Adolfito, él contaba –te contaba– cómo es eso de ser el número 1 en un deporte.
Lo de ser número 1 es relativo. Uno trabaja para eso, pero sentirse número 1 es raro. Yo no me siento un número 1, porque cuando uno se duerme un ratito ya no lo es. Entonces todos los días hay que mejorar, escuchar y aprender, y mirar al de al lado, para copiar cosas buenas. Es una cuestión de día por día. Repito: yo no me siento un número 1.

¿Qué deportistas admiraste o admirás?

No soy fanático del básquetbol, pero admiro a Manu Ginóbili en la Argentina y Michael Jordan en Estados Unidos…Hasta mi perro se llamaba “Jordan”.

¿Y por qué son tus favoritos?

Porque no tuvieron ninguna cosa negativa en su carrera, tanto dentro como fuera de la cancha. Me gusta ver los deportistas también por ese lado, a los que hacen muy bien las cosas y no se ensucian. Muchos fueron extraordinarios pero se metieron en problemas...

¿Qué condiciones hay que cumplir para ser un número 1?

Depende del deporte, pero lo principal es el trabajo. Hay muchos número 1 por habilidad y hay otros por trabajo. Yo le apuntaría al trabajo, al ser constante, al no creerse nada, al tratar de ir aprendiendo de los límites. Si uno compite consigo mismo, no tiene límites.

Juan Manuel Fangio, el argentino cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, decía: “hay que tratar de ser un número 1, pero sin creerse el número 1”.
Sí, es una gran realidad. El que se la cree empieza a ir para atrás, y lo que hay que hacer es mantenerse. Yo empecé a jugar el Abierto de Palermo en el año ’92; estamos en el 2007 y siempre estoy prendido, porque trabajo para estarlo.

¿En qué ayudaste a tu deporte siendo su número 1?
Sin dudas, el polo es ahora más popular, se agrandó. Contribuí a eso haciendo que La Dolfina jugara con la remera de Nueva Chicago. Eso de mezclar el fútbol con este deporte hizo saber que cualquier persona puede venir al polo, cosa que antes no todo el mundo conocía, porque se pensaba que valía mucho la entrada… La prensa me idolatró y también me criticó, pero eso, de algún modo, me hizo popular y generó que el polo fuera más conocido.

¿Sentís que le retribuiste al polo lo que te dio, o te sentís en deuda?
Siempre uno se siente en deuda con el deporte. Y siempre que pueda hacer algo voy a hacerlo. Creo que el polo va a ir cambiando y, cada vez más, va a seguir creciendo.

¿Qué les dirías a los chicos que leerán esta nota?
Que el estudio es lo principal: permite saber hablar y contestar como corresponde, mantiene los pies sobre la tierra... En mi caso, el polo me obligaba a viajar mucho a otros países y me quitó tiempo para terminar el colegio, y es muy difícil hacer paralelamente dos actividades tan demandantes. Pero al estudio hay que terminarlo.

¿Qué mensaje darías a los chicos que ven que no progresan en sus metas?
Que sigan estudiando aunque sea con sus tiempos…Que hagan las cosas que les gustan, sí, pero que terminen el estudio.
Si uno no tiene habilidad para los deportes, el estudio queda como salvaguarda.
Exacto… Uno puede ser un burro o no, pero con el estudio puede llegar a algo, puede vivir. En cambio, si en el deporte a uno le va mal, se muere de hambre.
 

¿En algún momento de tu carrera tuviste momentos de adversidad?
Siempre me tuve fe y trabajé para que me fuera bien…

El polo se juega de a cuatro pero cada integrante del equipo tiene sus caballos. ¿Cómo manejás esa relación de lo individual con lo grupal?

Es difícil manejarla. En lo que es estrictamente el juego, en mi equipo prevaleció mi individual, por una cuestión de táctica. Pero cualquiera que pretenda ganar un abierto, sin buenos compañeros no llegará a nada. En mi carrera presté caballos a Santiago Chavanne, a Facundo Castagnola, que hoy son buenos polistas. Y me encanta ver que gente a la que ayudo crece y llega lejos.

Adolfo Cambiaso, a quien en buena parte de la conversación lo escuchó su mamá, se despide, porque se vuelve a Cañuelas. Siente que ahí, como en un campo de Córdoba donde tiene su manada de yeguas y potrillos, está su lugar en el mundo. Y saluda con una sonrisa, dejando de lado que hace unos minutos le tocó una derrota. Todo un privilegio para los rivales que le ganaron. Como lo fue, para interCole, hablar un rato con el indiscutible número 1 del planeta polo…

LA ESQUINITA El refrán elegante

Al paupérrimo estado atmosférico, hermoso estado facial (Al mal tiempo, buena cara)

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