DETRÁS DE LA HISTORIA

Publicado en la interCole Nº 5 de Agosto 2005

Don José de San Martín: ¡Viajamos en el tiempo para conocerlo!

¡Hola amigos! Esta increíble experiencia que les voy a contar empezó una tarde en la terraza del cole. Ya estaba todo planeado con el Capitán: cuando llegué con mis amigos, todo se llenó de humo, y cuando la nube se disipó nos encontrábamos Lu, Chip, Otto, Fede y yo frente a un enorme portón de hierro. ¡Era la casa del General San Martín! Su hija Merceditas (que tenía 28 años en 1845) nos hizo pasar a un agradable salón, y allí estaba él. Sus 67 años nos parecieron más de 80, seguramente por toda una vida de sacrificios y también porque la medicina no era tan avanzada como ahora. Nos dio una bienvenida muy afectuosa.

Buenas tardes niños, tengan la gentileza de sentarse. ¡Mercedes, hija!, prepara por favor chocolate para las visitas.
¡Se lo ve muy bien, General! –le dijo Lu, con mucho cariño y admiración.
Gracias jovencita, pero no te olvides que he tenido una herida en el pecho de un cuchillazo que me dieron en España, cuando me asaltaron en un bosque cerca de Salamanca. Además tengo un tajo largo en la mano derecha y en el antebrazo, producto de una lucha cuerpo a cuerpo en mi última batalla para el ejército español, en Albuera. He sufrido fiebre tifoidea, cólera, asma, reumatismo, úlcera de estómago, y ahora estas benditas cataratas en los ojos, que al decir del boticario me dejarán ciego en pocos años...
Nos quedamos mudos. En esos tiempos, la mitad de esas enfermedades hubiesen llevado a cualquiera a la tumba sin escalas.
¿Qué recuerda de sus primeros años? –quise saber.
Hummm... sólo algunas cosas... De mi infancia en Yapeyú recuerdo poco y nada, porque apenas cumplí los 3 años nos fuimos todos para Buenos Aires, y cuando tenía 6 viajamos para España. A los 11 años ingresé como Cadete en el Regimiento de Infantería en Málaga, y dos años después, muerto de miedo, luché por primera vez contra los moros en la defensa de Orán. Pero no me puedo quejar, mi desempeño hizo que a los 15 años me nombraran Oficial del Ejército.

Oír del propio San Martín la afirmación de que había sentido miedo al luchar parece increíble. ¡¡¡Pero tenía sólo 13 años cuando lo hizo!!! La verdad que a esa altura no daban ganas de preguntar nada, sino de escuchar atentamente sin interrumpir. Porque San Martín, como buen argentino, ¡empieza a hablar y no lo para nadie!
Y cuando tenía 30 años participé en uno de los más importantes triunfos españoles contra Napoleón. Después de esa batalla me ascendieron a Teniente Coronel.
General, ¿qué significa en su vida el Sargento Cabral? –preguntó Otto.
¡Juan Bautista Cabral! Camarada y compañero... pero por sobre todo amigo. Jesucristo en el Evangelio dice: “no hay amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos” y Cabral lo hizo por mí. Pocos saben que aquello que me pasó con Cabral en San Lorenzo ya me había sucedido una vez, luchando para el ejército español en Arjonilla, cuando el soldado Juan de Dios salvó mi vida.
¿Por qué se fue del ejército español y se pasó a las filas americanas? –le preguntó Chip.
Buena pregunta m’hijo. Tres años antes de retirarme del ejército español ya pertenecía a la Logia Lautaro, que era una sociedad secreta en la que teníamos como objetivo la liberación de los pueblos de América. No te olvides que yo, a pesar de haber integrado las tropas españolas, soy americano. Gran parte de nosotros nos juntamos en Londres y luego regresamos a Buenos Aires en 1812. Pensar que en ese entonces era un joven de 33 años y llevaba 22 años en el ejército español... Todos me reconocen por mis diez años de luchas por la emancipación americana, y al fin y al cabo, luché más años en las tropas españolas... ¡je,je,je!

Algunas curiosidades, como ésta, le parecen graciosas. San Martín disfruta con sus cuentos y anécdotas. Cuando nos habla, fija la vista en un punto lejano, como quien vuelve a ver lo que está contando.
¿Tiene noticias de la Patria? –continuó Fede.
Sí, algunas por carta y otras por visitas que recibo de jóvenes prometedores como Juan Bautista Alberdi, Florencio Varela y Domingo Faustino Sarmiento.
¿Y cómo se imagina el país dentro de 160 años? –preguntó Lu, pícara.
Imposible imaginarlo. Puedo decirles lo que yo aspiro: me gustaría que se terminaran las luchas internas, que me han desgastado física y espiritualmente más que la guerra. Sé que es una aspiración muy grande, pero ustedes me pidieron que me imagine dentro de 160 años, ¡así que hay tiempo más que suficiente para lograrlo!

Nadie se animó a contestarle, nadie se animó a hacer un mínimo gesto. El atardecer coloreaba Grand Bourg, el General ya mostraba señas de fatiga y no sabíamos si la máquina del tiempo funcionaría una vez caída la noche. Pero habíamos estado con el mismísimo Padre de la Patria, un hombre al que aún hoy vale la pena seguir escuchando...

¡Enterate cómo San Martín se transformó en el Padre de la Patria!

LA ESQUINITA Grandes enigmas

Si una tostada cae siempre del lado untado, y un gato cae siempre sobre sus patas... ¿Qué pasaría si atamos la tostada en la espalda del gato?

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